para recordar a un grande
Toda la historia gira en torno a un ex fotógrafo de guerra, Faulques, quien posteriormente cambió la cámara por pinceles, ya que el oficio de fotógrafo le había dejado ciertos traumas en la vida.
El era una persona perseguida por cada una de las imágenes que en su momento tomó, lo que lo llenaba de insatisfacción, pues él estuvo ahí y no pudo hacer nada por ninguna de las personas que salían en sus fotografías. Eran demasiados los recuerdos, tanto, que algunos estaban enterrados en su memoria, pues había viajado y presenciado lo que sucedía en lugares como Vietnam, Chipre, Líbano, Camboya, Eritrea, El Salvador, Nicaragua, Angola, etc.
Varias de sus fotografías habían dado la vuelta al mundo como portadas de revistas, en documentales, en panfletos, etc. sin embargo el no se sentía orgulloso de su trabajo pues las personas solo veían una imagen, la representación de un momento. Sin embargo Faulques sabía todos los sentimientos, el dolor, el sufrimiento, los gritos, las lágrimas, los huérfanos, las madres sin hijos, las casas destruidas, etc. que esas imágenes representaban. Sus fotos eran simplemente una pequeña parte de un gigantesco horror.
Faulques decidió comprar una torre en una costa del Mediterráneo y la convirtió en un enorme óleo circular. En las paredes de la torre decidió pintar partes que habían marcado su vida. Decidió que de esta forma el representaría su propia verdad, pretendía plasmar más que una imagen, pretendía contar la historia de su vida. Como le dicen en algún momento en la lectura “El problema es que Paolo Uccello tenía pinceles y perspectiva, y tú solo tienes una cámara. Eso impone límites, claro”.[1]
Un día mientras Faulques se encontraba en su torre, vio a un intruso en su propiedad, y era nada más y anda menos que uno de aquellos fantasmas que lo perseguían, sin embargo era de los fantasmas enterrados en su memoria. Era el portador del rostro de la fotografía por la cual Faulques había ganado el Internacional Press Photo. Este personaje aparece simplemente para complicar la vida del ex fotógrafo pues el intruso llega a casa de Faulques para intercambiar un poco de la versión o percepción de cada uno acerca del mismo momento, lo que había pasado antes y lo que les sucedió después. Tras una larga plática, el intruso le confiesa a Faulques que simplemente había querido conocerlo, pues él lo había hecho famoso, y tras muchos años de reflexión había logrado descifrar que la única forma de terminar con el ciclo que había vivido era matando al autor de la fotografía que había dejado plasmado para siempre el momento en el cual muere. El momento más difícil de su vida, y por lo tanto el momento que lo había hecho famoso.

0 comentarios:
Publicar un comentario